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José Libertella del Sexteto Mayor en una función en la casa del Tango
(Guardia vieja, Bs As) el día 17 de Diciembre 2001

Bodedo 959, la esquina de Homero Manzi el día 16 de diciembre 2001.

Tango en la Plaza Dorrego, Feria
de San Telmo, el día 25 de Noviembre 2001

Tango en la Plaza Dorrego, Feria
de San Telmo, el día 25 de Noviembre 2001

El gran Teatro Colón
Sonido absoluto
Una encuesta y un estudio pormenorizado establecieron que el teatro
porteño es la mejor sala lírica del mundo, por sobre la Scala de Milán, el
Met de Nueva York y el nuevo teatro nacional de Tokio. No eran cumplidos:
músicos y especialistas de primer nivel internacional coincidieron en que
el Teatro Colón posee la mejor calidad acústica del mundo para hacer y
escuchar ópera. Tan enorgullecedora conclusión se desprende del trabajo "Evaluación
objetiva y subjetiva de 23 teatros de ópera en Europa, Japón y las
Américas", publicado por la prestigiosa revista de la Sociedad Acústica de
América, en enero último.
El paper, elaborado por Leo L. Beranek y miembros del Instituto Takenaka
de Japón, cruza una serie de parámetros objetivos -que explican por qué la
sala del Colón funciona tan bien para hacer y escuchar música sin
amplificación alguna-, con una encuesta subjetiva, respondida por 22
directores de orquesta de primerísima línea. La rigurosidad en las
respuestas de los directores se puede comprobar por el simple hecho de que
la mayoría pidió el anonimato, ya que algunos teatros fueron juzgados
duramente. Los participantes tuvieron que asignar un puntaje entre uno ("pobre")
y cinco ("uno de los mejores del mundo") a las salas en las que tuvieron
la oportunidad de dirigir y escuchar ópera.
Como resultado de la encuesta, el Teatro Colón quedó primero, solo, con la
brillante calificación de 4,5; el segundo lugar mostró un virtual "empate
técnico" entre la Scala de Milán, la Opera de Dresde y el nuevo teatro
nacional de Tokio, con 4. Entre los teatros que tuvieron la calificación
más baja estuvieron la Opera Cómica de Berlín y la Bastilla de París, que
tuvieron un promedio de 2,5 (entre "pasable" y "bueno" según la nómina).
La intuición confirmada
Desde su inauguración, el 25 de mayo 1908, el Teatro Colón coronó con su
acústica las históricas presentaciones de los más notables artistas
clásicos del siglo XX. Desde Enrico Caruso hasta Plácido Domingo, de
Arturo Toscanini a Claudio Abbado, todos pudieron expresarse como nunca
gracias a su mágica respuesta sonora y por eso no se han cansado de
elogiarlo. Tal vez por eso, quienes lo frecuentan cotidianamente ya se
habían acostumbrado a los cumplidos para el viejo y noble Colón. Lo nuevo
es que las opiniones de los músicos profesionales -calificadas pero
intuitivas- son ahora refrendadas objetivamente por la ciencia acústica.
Es bueno recordarlo:Tamburini, Meano y Dormal, los tres arquitectos que se
sucedieron en la construcción del Colón a principios del siglo XX,
consiguieron que su sala en forma de herradura fuera lo que es, a pura
intuición.
Por ese entonces la acústica estaba dando sus primeros pasos y no ofrecía
certezas para la construcción de este tipo de salas. Sin embargo, el
milagro se produjo, y sólo 91 años más tarde la acústica puede explicarlo
gracias a la cuantificación de ocho parámetros objetivos, según fueron
definidos por Beranek. Algunos de estos parámetros son conocidos desde
hace tiempo. Otros fueron tomados en un principio como irrelevantes, pero
se descubrieron en su verdadera dimensión después de algunos estrepitosos
fracasos. Entonces :¿el Teatro Colón es perfecto? La respuesta es no,
porque no existe una sala de conciertos en la que, por ejemplo, todas las
butacas tengan una audición perfecta y buena visibilidad. La acústica ha
avanzado mucho, pero está lejos de tener una explicación detallada e
integral de las causas que permiten obtener salas de nivel superior como
el Colón. En la actualidad, se siguen construyendo teatros de acústica
deficiente que en la mesa de dibujo prometían excelencia. Por eso la
acústica investiga teatros como el Colón, para intentar develar sus
secretos, pero no les otorga la destacada posición cultural que ocupan.
Como bien subraya Beranek en su trabajo, "son los músicos y el público los
que deben opinar".
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